La Argentina accedió a la modernidad gracias al Peronismo como movimiento nacional revolucionariode orientación socialcristiana con base en el movimiento obrero organizado. Es así como impulsó un Estado empresario industrialista que hace hincapié en la Justicia Social y que ejecutó un modelo revolucionario de inclusión social amplio, donde las mujeres van a desempeñar un papel central de sus políticas.En los planes de la Secretaría de Trabajo y Previsión se encuentraban los fundamentos para otorgar a las mujeres no solo igualdad en sus derechos laborales sino otorgarles los derechos cívicos que la equipararía jurídicamente con los varones de su época.El Cnel. Juan Perón, al inaugurar el 3 de octubre de 1944 la División del Trabajo y Asistencia de la Mujer, afirma que: “dignificar moral y materialmente a la mujer equivale a vigorizar la familia. Vigorizar la familia es fortalecer la Nación, puesto que ella es su propia célula. Para imponer el verdadero orden social, ha de comenzarse por esa célula constitutiva, base cristiana y racional de toda agrupación humana”.De esta labor se impulsaría el estudio de las condiciones laborales de la mujer en Argentina para proyectar el Estatuto de Trabajo Femenino.Por otra parte Perón sostendrá en la reunión Pro Sufragio Femenino del 26 de julio de 1945 en la Cámara de Diputados que: “Soy un convencido de la necesidad de otorgar a la mujer los derechos políticos y apoyo con toda la fuerza de mi convicción el propósito de hacer esto una realidad argentina. Es necesario dar a nuestra Constitución su plena aplicación dentro de las formas democráticas que practicamos; y debemos una reparación a esa Constitución, mutilada en lo que se refiere a la mujer…En síntesis, soy partidario de otorgar el sufragio a la mujer, porque no hay ninguna razón que se oponga a que esto llegue a concretarse en una realidad”.Recuperar estos datos es muy importante pues los sectores liberales sostienen que el otorgamiento del voto femenino se debía a especulación electoral del Peronismo o al cumplimiento de las Actas de Chapultepec, pero esto reafirma que la idea del sufragio femenino en Perón es anterior.En sus primeros discursos como presidente sostenía la importancia que la mujer argentina tuviese los mismos derechos que los varones, a lo que se sumó la capacidad y voluntad de Eva Perón para llevar adelante dichas iniciativas. Evita, en su misión de ayuda humanitaria por Europa dirá en Madrid el 15 de junio de 1947 que “Este siglo no pasará a la historia con el nombre de «Siglo de las Guerras Mundiales... sino con otro nombre mucho más significativo: «Siglo del Feminismo Victorioso». Este concepto estaba unido no solo a la idea de una integración de la mujer en la acción cívica y política en Argentina sino que se extendía a las demás mujeres del mundo.El impulso y decisión de Evita permitió sancionar y promulgar la Ley 13.010 de voto femenino en septiembre de 1947, lograr el empadronamiento de las mujeres de todo el país, crear el Partido Peronista Femenino en 1949 e impulsar la participación política de la mujer a partir de las elecciones del 11 de noviembre de 1951.El Peronismo incluyó a mujeres en todas sus listas nacionales. Votaron por primera vez las mujeres de todo el país: fueron 3.816.654 sufragios y 2.441.558 apoyaron la fórmula Perón – Quijano. Concretaron el sueño de miles de mujeres, 23 diputadas y 6 senadoras ocuparon sus bancas en 1952.En cuanto a lo social la labor de la Fundación Eva Perón dedicó su tarea a impulsar la capacitación laboral de la mujer al tiempo de brindarle la atención requerida tanto es sus hospitales, policlínicos, Hogares de Tránsito, Escuela de Enfermeras, como en la ayuda social directa que miles de mujeres de Argentina y el mundo recibían a fin de paliar sus necesidades.Un concepto racional de ayuda integral recorría el pensamiento de Evita que tenía su referencia no solo en el pensamiento del Gral. Juan Perón sino que, como mujer de su época, abrevaba en la Doctrina Social de la Iglesia y en las ideas de Maritain sobre Cristianismo Integral, donde sólo se podía dar una Comunidad Cristiana que se oriente al Bien Común, acorde a la voluntad de Dios, si todos los hombres podían estar amparados y disfrutar de la Justicia Social.Quizás en tiempos donde el hombre ha dejado de pensar en su semejante el legado de esta joven mujer nos haga reflexionar que tanto se puede hacer en poco tiempo si uno se guía por un pensamiento y una acción basada en el amor, la solidaridad y el trabajo.Lic. Pablo A. VázquezCoordinador Area Biblioteca y ArchivoInstituto Nacional Eva Perónbiblioteca@museoevita.gov
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domingo, 10 de mayo de 2009
lunes, 21 de julio de 2008
Eva: filantropía de choque
En un clima diplomático tenso, con EE.UU., Eva Perón envió, en 1949, ayuda a los niños negros de Washington. El acto fue tachado de arrogante y generó pedidos de explicaciones.
ROGELIO GARCIA LUPO. Periodista.
Unos apuntes de Eva Perón hasta ahora inéditos, pertenecientes a la Colección Alberto Casares, revelan cómo siguió personalmente la donación a la Children''s Aid Society y en todo momento fue conciente de su alto contenido político. "Sirva de ejemplo este acto y esta ayuda que lo hacemos con todo el respeto y todo el cariño por el gran pueblo de los Estados Unidos y humildemente le hacemos llegar nuestro granito de arena de ayuda", escribió con su tumultuosa caligrafía. En otro lugar afirma que "este avión argentino que pronto llegará a Estados Unidos representa a la bondad de nuestro conductor y lo que somos capaces de hacer por el desposeído, esté donde esté y se encuentre donde se encuentre".Pero en Washington la procesión iba por dentro y a nadie se le ocultó que detrás de la prosa protocolar rugía la furia de la mujer más poderosa de la Argentina y sin duda la más famosa en el mundo de su tiempo. En los dos años siguientes la misma Fundación de Ayuda Social enviaría donaciones semejantes a más de ochenta países, entre los que se incluían naciones europeas devastadas por la guerra, pequeños principados africanos y prácticamente todos los países latinoamericanos. Sin embargo, aquella donación para los niños pobres de Washington D.C. resultó incomparable.
ROGELIO GARCIA LUPO. Periodista.
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En 1952, cuando falleció, hace ahora medio siglo, muchos aún recordaban en los Estados Unidos que tres años antes Eva Perón había asombrado al mundo político al enviar un avión con ayuda de invierno para los niños pobres de Washington.Fue en 1949, en medio de un clima de tensión diplomática creciente entre nuestro país y los Estados Unidos, y en vísperas de que Harry Truman asumiera la presidencia. El vicepresidente Truman era un granjero de Missouri a quien la muerte del presidente Franklin Roosevelt depositó en el centro del poder mundial.Truman arrojó sin titubear la bomba atómica sobre Japón y había dado muestras de que estaba dispuesto a poner a l
os Estados Unidos a la cabeza del mundo cuando se firmara la paz. Su elección por cuatro años, a partir del 21 de enero de 1949, fue una celebración internacional marcada por la guerra fría ya desatada contra la Unión Soviética y un reconocimiento hacia la mayor potencia. Las principales figuras de la política se hicieron presentes en Washington y todos se sorprendieron al recibir una comunicación de la embajada argentina que informaba sobre un evento que tendría lugar al día siguiente de los festejos oficiales. Se trataba de la entrega de ropa de invierno para 600 niños pobres residentes en los barrios bajos de la capital.La donación en nombre de Eva Perón y su Fundación de Ayuda Social había sido gestionada cuidadosamente con el reverendo Ralph Faywatters, quien presidía la Children''s Aid Society, una entidad caritativa que protegía a los niños negros de Washington. Consistía en ropa de abrigo y calzado, fabricados en la Argentina y enviados por avión, lo que sugería la situación apremiante de quienes se beneficiarían con la ayuda.La reacción del gobierno norteamericano no se hizo esperar y la embajada argentina tuvo que dar explicaciones sobre las intenciones del regalo. Entretanto, el reverendo Faywatters había puesto en acción a otras organizaciones y un total de 27 entidades —en su mayoría de ciudadanos negros— reclamaron su porción del cargamento. La idea de que el gobierno norteamericano podía impedir que los niños pobres obtuvieran su ropa de invierno argentina produjo una rápida agitación entre miles de familias de Washington.El asunto fue tratado por la prensa internacional. La Agence France Presse describió "una situación que por momentos parecía casi enojosa, debido a la confusión producida por la inesperada noticia" de la donación. "No hubo intención de demostrar que en un país rico cual es Estados Unidos, hay niños ''pobres''", agregó la AFP. Los diarios de la cadena Scripps-Howard no ocultaron su perplejidad y publicaron en docenas de ciudades norteamericanas un comentario donde afirmaban que "la Fundación encabezada por la esposa del presidente argentino no hace las cosas con moneda pequeña ni tampoco peca de falsa modestia".También trataron el episodio los semanarios de mayor circulación, como Newsweek, bajo el título "Señora" pockets (Señora bolsillos) y Time, que lo encabezó "Helping hand" (Dando una mano), donde no ocultaban que la filantropía peronista transpiraba arrogancia pero había golpeado exactamente en un punto muy sensible, el de la pobreza alarmante de la mayoría negra de Washington.El reverendo Faywatters, silencioso cómplice de Evita, se hizo cargo de los regalos y retribuyó con una nota oficial donde subrayó que "entendemos ante esta evidencia su deseo (de Eva Perón) de que toda América viva y trabaje unida para bien de su pueblo (y) esta contribución para los niños necesitados está por encima de toda diferencia internacional de opinión política".El caso quedó cerrado definitivamente y la embajada argentina insistió en que si bien la entrega formal de la donación se había superpuesto con la asunción presidencial de Truman, se trataba de una coincidencia sin propósitos secundarios.Truman le dio en parte la razón a Evita cuando en su discurso de posesión afirmó que "Estados Unidos sufre el efecto de los precios excesivamente elevados, la producción no cubre aún las necesidades y los salarios mínimos son demasiado bajos, al mismo tiempo que las pequeñas empresas pierden terreno en beneficio de los monopolios". La prosa de Truman anticipaba los cambios en los derechos civiles para los negros aunque faltaban años y mucha sangre para que estos se concretaran definitivamente.
En 1952, cuando falleció, hace ahora medio siglo, muchos aún recordaban en los Estados Unidos que tres años antes Eva Perón había asombrado al mundo político al enviar un avión con ayuda de invierno para los niños pobres de Washington.Fue en 1949, en medio de un clima de tensión diplomática creciente entre nuestro país y los Estados Unidos, y en vísperas de que Harry Truman asumiera la presidencia. El vicepresidente Truman era un granjero de Missouri a quien la muerte del presidente Franklin Roosevelt depositó en el centro del poder mundial.Truman arrojó sin titubear la bomba atómica sobre Japón y había dado muestras de que estaba dispuesto a poner a l
os Estados Unidos a la cabeza del mundo cuando se firmara la paz. Su elección por cuatro años, a partir del 21 de enero de 1949, fue una celebración internacional marcada por la guerra fría ya desatada contra la Unión Soviética y un reconocimiento hacia la mayor potencia. Las principales figuras de la política se hicieron presentes en Washington y todos se sorprendieron al recibir una comunicación de la embajada argentina que informaba sobre un evento que tendría lugar al día siguiente de los festejos oficiales. Se trataba de la entrega de ropa de invierno para 600 niños pobres residentes en los barrios bajos de la capital.La donación en nombre de Eva Perón y su Fundación de Ayuda Social había sido gestionada cuidadosamente con el reverendo Ralph Faywatters, quien presidía la Children''s Aid Society, una entidad caritativa que protegía a los niños negros de Washington. Consistía en ropa de abrigo y calzado, fabricados en la Argentina y enviados por avión, lo que sugería la situación apremiante de quienes se beneficiarían con la ayuda.La reacción del gobierno norteamericano no se hizo esperar y la embajada argentina tuvo que dar explicaciones sobre las intenciones del regalo. Entretanto, el reverendo Faywatters había puesto en acción a otras organizaciones y un total de 27 entidades —en su mayoría de ciudadanos negros— reclamaron su porción del cargamento. La idea de que el gobierno norteamericano podía impedir que los niños pobres obtuvieran su ropa de invierno argentina produjo una rápida agitación entre miles de familias de Washington.El asunto fue tratado por la prensa internacional. La Agence France Presse describió "una situación que por momentos parecía casi enojosa, debido a la confusión producida por la inesperada noticia" de la donación. "No hubo intención de demostrar que en un país rico cual es Estados Unidos, hay niños ''pobres''", agregó la AFP. Los diarios de la cadena Scripps-Howard no ocultaron su perplejidad y publicaron en docenas de ciudades norteamericanas un comentario donde afirmaban que "la Fundación encabezada por la esposa del presidente argentino no hace las cosas con moneda pequeña ni tampoco peca de falsa modestia".También trataron el episodio los semanarios de mayor circulación, como Newsweek, bajo el título "Señora" pockets (Señora bolsillos) y Time, que lo encabezó "Helping hand" (Dando una mano), donde no ocultaban que la filantropía peronista transpiraba arrogancia pero había golpeado exactamente en un punto muy sensible, el de la pobreza alarmante de la mayoría negra de Washington.El reverendo Faywatters, silencioso cómplice de Evita, se hizo cargo de los regalos y retribuyó con una nota oficial donde subrayó que "entendemos ante esta evidencia su deseo (de Eva Perón) de que toda América viva y trabaje unida para bien de su pueblo (y) esta contribución para los niños necesitados está por encima de toda diferencia internacional de opinión política".El caso quedó cerrado definitivamente y la embajada argentina insistió en que si bien la entrega formal de la donación se había superpuesto con la asunción presidencial de Truman, se trataba de una coincidencia sin propósitos secundarios.Truman le dio en parte la razón a Evita cuando en su discurso de posesión afirmó que "Estados Unidos sufre el efecto de los precios excesivamente elevados, la producción no cubre aún las necesidades y los salarios mínimos son demasiado bajos, al mismo tiempo que las pequeñas empresas pierden terreno en beneficio de los monopolios". La prosa de Truman anticipaba los cambios en los derechos civiles para los negros aunque faltaban años y mucha sangre para que estos se concretaran definitivamente.
Unos apuntes de Eva Perón hasta ahora inéditos, pertenecientes a la Colección Alberto Casares, revelan cómo siguió personalmente la donación a la Children''s Aid Society y en todo momento fue conciente de su alto contenido político. "Sirva de ejemplo este acto y esta ayuda que lo hacemos con todo el respeto y todo el cariño por el gran pueblo de los Estados Unidos y humildemente le hacemos llegar nuestro granito de arena de ayuda", escribió con su tumultuosa caligrafía. En otro lugar afirma que "este avión argentino que pronto llegará a Estados Unidos representa a la bondad de nuestro conductor y lo que somos capaces de hacer por el desposeído, esté donde esté y se encuentre donde se encuentre".Pero en Washington la procesión iba por dentro y a nadie se le ocultó que detrás de la prosa protocolar rugía la furia de la mujer más poderosa de la Argentina y sin duda la más famosa en el mundo de su tiempo. En los dos años siguientes la misma Fundación de Ayuda Social enviaría donaciones semejantes a más de ochenta países, entre los que se incluían naciones europeas devastadas por la guerra, pequeños principados africanos y prácticamente todos los países latinoamericanos. Sin embargo, aquella donación para los niños pobres de Washington D.C. resultó incomparable.
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HISTORIA NACIONAL
Gunga Din, el perfecto cipayo. El Pacto Roca-Runciman de la década infame
Por Agenda de Reflexión
En 1939 se estrenó Gunga Din, uno de los grandes clásicos del cine de aventuras de todos los tiempos, inspirado en el famoso relato de Rudyard Kipling, dirigido por George Stevens e interpretado por Cary Grant, Víctor McLaglen, Douglas Fairbanks Jr. y Joan Fontaine. La historia se trata de tres sargentos del ejército británico, buenos camaradas, de espíritu bromista, destacados en misión especial en una zona montañosa de la India colonial del siglo XIX. Los acompañaba un muchacho nativo, una especie de aguatero y guía baqueano llamado Gunga Din, que resultó ser el perfecto cipayo: se diría que disfrutaba viendo matar como moscas a sus compatriotas en nombre de los intereses del imperio y de la corona.Pero digamos que la vocación del cipayo colonial no fue exclusiva del siglo XIX ni de la India exótica. El 27 de abril de 1933 se firmó la convención y protocolo que pasó a la historia como una de sus páginas más negras: el tristemente célebre -Pacto Roca-Runciman-. Un año antes, los representantes de los dominios integrantes del Commonwealth se habían reunido en la conferencia de Ottawa. En esa reunión
el imperio británico firmó acuerdos con Australia y Canadá con el fin de otorgar preferencia a la compra de carnes. A partir de entonces la exportación de carnes argentinas a Inglaterra comenzó a decaer. La oligarquía y la Sociedad Rural argentinas presionaron entonces al presidente Agustín Pedro Justo y su gobierno derivado del llamado fraude patriótico para enviar una misión a Londres y arribar a un acuerdo. Las escasas condiciones miserables que pudo imponer a su principal cliente puso en evidencia el abrumador grado de dependencia del mercado exterior que tenía nuestra economía. Pero también el cipayismo vendepatria del gobierno y de nuestra clase dominante durante la década infame. Gran Bretaña, por su parte, tenía entonces vastos intereses en nuestro país: los ferrocarriles, los frigoríficos, el reaseguro y los enormes negocios derivados de éstos.Por ese pacto, se permitió a nuestro país enviar al mercado inglés una cantidad de su mejor producción de chilled beef (carne enfriada), bien barata y ¡libre de gravámenes! A cambio, la Argentina aseguró, en condiciones de claro privilegio, la importación de carbón británico (sobre todo para abastecer a las locomotoras a vapor ¡también británicas!) y de toda una serie de productos manufacturados de ese origen. Se eliminaron medidas -proteccionistas- contra las importaciones inglesas, favorecidas además por regulaciones cambiarias. Al mismo tiempo, el gobierno argentino se comprometió a alentar la inserción de las empresas del Reino Unido en el terreno de las obras públicas.El vergonzoso pacto fue firmado (paradójicamente el mismo año en que moriría don Hipólito Yrigoyen) en Londres por el ministro de comercio británico Walter Runciman y el vicepresidente conservador argentino Julio A. Roca (hijo del presidente homónimo). En esa oportunidad, Julito Roca tuvo el mal tino de decir que -Argentina, por su interdependencia recíproca, es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del imperio británico-. El lacayismo llegaría a la cúspide en las palabras del agente financiero de los intereses británicos y miembro de la delegación argentina Guillermo Leguizamón, Sir de la corte de St James: -La Argentina es una de las joyas más preciadas de la corona de su Graciosa Majestad-.La representación se completaba con el ministro de hacienda, el socialista independiente Federico Pinedo, siempre asesorado por el economista inglés Otto Niemeyer en las medidas adoptadas en el sistema de transporte con la fundación de ferrocarriles y tranvías de Buenos Aires, en la fundación del Banco Central y en la creación de la Junta Nacional de Granos. La oligarquía intentaba, por todos los medios, seguir en la órbita de Inglaterra, porque era la única manera de mantener sus privilegios. La pujante economía de Estados Unidos, fuerte productor de granos y criador de ganado de primer nivel, la estaba amenazando de muerte. En definitiva, el empréstito inglés fue de 13 millones de libras esterlinas, pero el 70 % de esa cifra fue destinado para pagar a la metrópoli ¡utilidades de los ferrocarriles!Claro, ni el pacto ni aquellas declaraciones de la delegación fueron bien recibidas en los círculos nacionales, tanto entre las fuerzas armadas como entre los civiles como los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta –autores de La Argentina y el imperialismo británico- y el grupo de intelectuales nucleados en FORJA. Se empezó así a cocinar un caldo de cultivo que prepararía finalmente las condiciones para la revolución del 4 de junio de 1943. El empréstito terminó pagándose (varias veces, como es de rigor) durante el gobierno del general Perón, cuando nacionalizó los ferrocarriles y el Banco Central, y derrotó a la coalición antinacional y antipopular de la oligarquía y el imperialismo.El último domingo 24 se cumplieron cinco años de la muerte del gran patriota contemporáneo Alejandro Olmos, que supo denunciar la gran estafa de la deuda externa argentina y la complicidad de sus gerentes internos. Pero, como se ve, no hay nada nuevo bajo el sol: siempre existe disponible un Gunga Din.
el imperio británico firmó acuerdos con Australia y Canadá con el fin de otorgar preferencia a la compra de carnes. A partir de entonces la exportación de carnes argentinas a Inglaterra comenzó a decaer. La oligarquía y la Sociedad Rural argentinas presionaron entonces al presidente Agustín Pedro Justo y su gobierno derivado del llamado fraude patriótico para enviar una misión a Londres y arribar a un acuerdo. Las escasas condiciones miserables que pudo imponer a su principal cliente puso en evidencia el abrumador grado de dependencia del mercado exterior que tenía nuestra economía. Pero también el cipayismo vendepatria del gobierno y de nuestra clase dominante durante la década infame. Gran Bretaña, por su parte, tenía entonces vastos intereses en nuestro país: los ferrocarriles, los frigoríficos, el reaseguro y los enormes negocios derivados de éstos.Por ese pacto, se permitió a nuestro país enviar al mercado inglés una cantidad de su mejor producción de chilled beef (carne enfriada), bien barata y ¡libre de gravámenes! A cambio, la Argentina aseguró, en condiciones de claro privilegio, la importación de carbón británico (sobre todo para abastecer a las locomotoras a vapor ¡también británicas!) y de toda una serie de productos manufacturados de ese origen. Se eliminaron medidas -proteccionistas- contra las importaciones inglesas, favorecidas además por regulaciones cambiarias. Al mismo tiempo, el gobierno argentino se comprometió a alentar la inserción de las empresas del Reino Unido en el terreno de las obras públicas.El vergonzoso pacto fue firmado (paradójicamente el mismo año en que moriría don Hipólito Yrigoyen) en Londres por el ministro de comercio británico Walter Runciman y el vicepresidente conservador argentino Julio A. Roca (hijo del presidente homónimo). En esa oportunidad, Julito Roca tuvo el mal tino de decir que -Argentina, por su interdependencia recíproca, es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del imperio británico-. El lacayismo llegaría a la cúspide en las palabras del agente financiero de los intereses británicos y miembro de la delegación argentina Guillermo Leguizamón, Sir de la corte de St James: -La Argentina es una de las joyas más preciadas de la corona de su Graciosa Majestad-.La representación se completaba con el ministro de hacienda, el socialista independiente Federico Pinedo, siempre asesorado por el economista inglés Otto Niemeyer en las medidas adoptadas en el sistema de transporte con la fundación de ferrocarriles y tranvías de Buenos Aires, en la fundación del Banco Central y en la creación de la Junta Nacional de Granos. La oligarquía intentaba, por todos los medios, seguir en la órbita de Inglaterra, porque era la única manera de mantener sus privilegios. La pujante economía de Estados Unidos, fuerte productor de granos y criador de ganado de primer nivel, la estaba amenazando de muerte. En definitiva, el empréstito inglés fue de 13 millones de libras esterlinas, pero el 70 % de esa cifra fue destinado para pagar a la metrópoli ¡utilidades de los ferrocarriles!Claro, ni el pacto ni aquellas declaraciones de la delegación fueron bien recibidas en los círculos nacionales, tanto entre las fuerzas armadas como entre los civiles como los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta –autores de La Argentina y el imperialismo británico- y el grupo de intelectuales nucleados en FORJA. Se empezó así a cocinar un caldo de cultivo que prepararía finalmente las condiciones para la revolución del 4 de junio de 1943. El empréstito terminó pagándose (varias veces, como es de rigor) durante el gobierno del general Perón, cuando nacionalizó los ferrocarriles y el Banco Central, y derrotó a la coalición antinacional y antipopular de la oligarquía y el imperialismo.El último domingo 24 se cumplieron cinco años de la muerte del gran patriota contemporáneo Alejandro Olmos, que supo denunciar la gran estafa de la deuda externa argentina y la complicidad de sus gerentes internos. Pero, como se ve, no hay nada nuevo bajo el sol: siempre existe disponible un Gunga Din.Fuente: Agenda de Reflexión, Abril 27, 2005
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HISTORIA NACIONAL
martes, 8 de julio de 2008
Arturo Jauretche: los recuerdos de infancia en el cenit del proceso de peronización de las clases medias articulado a partir del revisionismo históric

Arturo Jauretche: los recuerdos de infancia en el cenit del proceso de peronización de las clases medias articulado a partir del revisionismo histórico.
Por /Fernando Cesaretti y Florencia Pagni [1]
Obra.
A lo largo de 1972 Arturo Jauretche se aboca a la preparación de sus memorias. El primer (y finalmente único) tomo es publicado por la Editorial Peña Lillo en Diciembre de ese año, tirándose una segunda edición en Junio de 1973[2]. Titulado De Memorias. Pantalones cortos, no es el primer libro de Jauretche. Por el contrario, es la culminación de una obra que registra en orden cronológico los siguientes títulos: 1934: El Paso de los Libres. Edición prologada por Jorge Luis Borges. Una segunda edición en 1960 llevará el prólogo de Jorge Abelardo Ramos. 1956: El Plan Prebisch: retorno al coloniaje. 1957: Los profetas del Odio y la Yapa. 1958: Ejército y Política. 1959: Política Nacional y Revisionismo Histórico. 1960: Prosas de Hacha y Tiza. 1962: Forja y la Década Infame. 1964: Filo, Contrafilo y Punta. 1966: El Medio Pelo en la Sociedad Argentina. 1968: Manual de Zonceras Argentinas. 1969: Mano a Mano entre Nosotros.
Y vida. A estos títulos se le suman innumerables artículos periodísticos y colaboraciones de distinto tipo a lo largo de varias décadas de activa militancia como ensayista, escritor y político. Una larga vida que comienza el 13 de Noviembre de 1901 en Lincoln, en el noroeste bonaerense. En 1920 se instala definitivamente en la ciudad de Buenos Aires. Militante conservador por tradición familiar en su juventud, su maduración intelectual lo lleva progresivamente a enrolarse en el radicalismo. Ya decidido yrigoyenista, Juaretche ocupará algunos cargos partidarios en el segundo gobierno de Yrigoyen, y caído este, combatirá decididamente al régimen triunfante. En 1933 participa en Corrientes en el levantamiento radical de los coroneles Bosch y Pomar contra el gobierno de Justo. Vencido el alzamiento, Jauretche es detenido. En prisión escribe sobre estos episodios. Lo hace en forma de poema gauchesco. Titulado “El Paso de los Libres” será prologado por Jorge Luis Borges, algo que se torna cuasi increíble en retrospectiva, dado los caminos divergentes que siguieron ambos personajes. A su vez sus graves divergencias con el sector alvearista que conduce el radicalismo hacen crisis en 1935. Frente al levantamiento de la abstención electoral por el Comité Nacional de la UCR , Jauretche junto a, entre otros, Gabriel del Mazo, Homero Manzi, Luis Dellepiane y Raúl Scalabrini Ortiz, fundan FORJA: Fuerza de Orientación Radical de la Nueva Argentina. Esta agrupación tendrá gran influencia en los sectores del nacionalismo democrático. Su posición neutralista durante la Guerra , llevará a Jauretche a apartarse del radicalismo definitivamente y adherir críticamente al emergente peronismo. Cercano a los lineamientos del equipo económico liderado por Miguel Miranda, y con el apoyo del gobernador bonaerense Domingo Mercante, Jauretche será Presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires desde 1946 hasta 1951. La caída en desgracia de sus mentores, lo llevan al ostracismo. Pese a esto se mantiene fiel al peronismo y al producirse el golpe de 1955, Jauretche abandona su silencio y retorna a la lucha política “en defensa de los diez años de gobierno popular” Nace entonces un nuevo Jauretche. Mientras la mayor parte de los jerarcas del régimen depuesto se desbandan, desertan cobardemente o cambian de camiseta, Jauretche, que había estado ausente de las responsabilidades del gobierno en los últimos años y por lo tanto no es perseguido ni procesado, abandona la comodidad de esta posición y se lanza al combate, convencido según sus propias palabras “que el ataque a los caídos era sólo el pretexto para un ataque más profundo, dirigido al pensamiento que servía de base a la Revolución Nacional ”. El periódico El Líder, el semanario El 45 y la publicación a principios de 1956 de El Plan Prebisch: retorno al coloniaje, marcan los primeros jalones de esa lucha Perseguido, se exilia en Montevideo. En 1957 publica allí Los profetas del Odio[3]. Escrito con tono y espíritu panfletario, a través de sus páginas Jauretche polemiza en tono amable con Ernesto Sábato y ataca a Ezequiel Martínez Estrada, refutando las argumentaciones claramente discriminatorias y hasta racistas del “radiógrafo de la pampa[4]” sobre la clase obrera peronista. Jauretche ve estas argumentaciones como expresión del prejuicio de la clase media. Sector particularmente irritado con el peronismo en tanto este –entendía- había logrado a través de la industrialización, la independencia económica y la prosperidad de los trabajadores. Esta prosperidad ciertamente no había irritado “a los de muy arriba, porque el empresario sabe que esa prosperidad general es condición necesaria de las buenas ventas, es mercado comprador para sus productos.” La irritación se había dado, y profundamente, en los sectores intermedios para los que los cambios producidos por el peronismo actuaron como un revulsivo, el mundo de “los pequeños propietarios y rentistas, los funcionarios, los profesionales, los educadores, los intelectuales, los políticos de segundo y tercer orden, elementos activos o parasitarios de esa sociedad”. Sectores donde los prejuicios de clase se habían impuesto a los intereses de clase “pues si hay un sector destinado a beneficiarse de la grandeza nacional lograda por la liberación económica, es este intermedio…” Sin embargo para Jauretche no es este intermedio su enemigo. Propugna por un movimiento nacional en el que se integren los elementos de clase media y burguesía junto a los proletarios. Entiende que una política que aísle a los trabajadores de la clase media y de lo que entiende por burguesía nacional, perjudicaría de modo irremediable al movimiento nacional. El verdadero enemigo es aquel que rotula como intelligentsia, vasto contubernio político e intelectual caracterizado tanto por su cosmopolitismo como por su elitismo. Es en el campo universitario donde, desvirtuado el espíritu reformista, la intelligentsia hace estragos.[5] Lo esencial entonces de la lucha que emprende Jauretche en esos años pasa por terminar con el largo equívoco que ha llevado al divorcio entre doctores y pueblo, o dicho en otro términos, sumar al “campo nacional” a vastos sectores de la clase media, en especial el estudiantado universitario. Para ello utilizará la técnica maniquea de la complicidad. Crear el antagonista, en este caso la intelligentsia, para dar por sentado que su lector potencial, pese a hallarse en los difusos límites del campo en que su mueve aquella, pertenece sin embargo al otro lado, el “nacional”. Esa línea nacional excede para Jauretche los límites del peronismo. Es una causa que trasciende a hombres y partidos, a los que se puede adherir en tanto estos y aquellos sirvan como instrumento de esa causa. Esta postura explica en gran medida la esencia de la relación ambivalente que se da a lo largo de tres décadas entre Jauretche y Perón.[6]Así en el proceso electoral de 1958 se opone a las directivas de Perón que postulan el voto en blanco, abogando por sufragar a favor del frondizismo para impedir la continuidad de la Revolución Libertadora con el triunfo del radicalismo balbinista. En 1961 se postula como candidato a Senador por la Capital Federal , obteniendo una contundente derrota.[7] Después de esta desafortunada experiencia retorna al periodismo combativo. Publica en Democracia y en diarios y periódicos del interior. Y se van sumando nuevas obras. Forja y la Década Infame en 1962, Filo, Contrafilo y Punta en 1964. En 1965 colabora en periódicos de efímera vida: Marcha y Palabra Argentina. En 1966 en medio de los estertores agónicos del gobierno radical publica El Medio Pelo en la Sociedad Argentina que junto al Manual de Zonceras Argentinas de 1968, constituyen dos éxitos editoriales por su inmediata repercusión. Por entonces la paz de los cementerios propuesta como modelo social por el onganiato está a punto de estallar y Jauretche se suma a la CGT de los Argentinos, integrando la “Comisión de Afirmación Nacional” de esa central obrera. En ese 1969 publica una recopilación de distintas notas periodísticas que titula Mano a Mano entre Nosotros. Por esos años y cada vez más asiduamente, participa activamente de los debates de la época, siendo frecuentemente invitado a los programas de televisión, donde un Jauretche ya septuagenario, vestido anacrónicamente[8] no elude la polémica, enfrentando con estilo cáustico a la intelligentsia, y a sus representantes. Esta frontalidad le traerá problemas, al extremo que en Junio de 1971 llega a batirse a duelo con el general Oscar Colombo. El lance fue a pistola, y según testigos del mismo, ambos contendientes tiraron a matar, fallando ambos. Con menos dramatismo se enfrenta dialécticamente con otros personeros de esa intelligentsia, a algunos de los cuales considera meros “idiotas útiles”[9]. No rehuye tampoco asistir a mesas redondas y encuentro ante los más disímiles auditorios, con una variedad ideológica que va del nacionalismo al marxismo.
Revisionismo y Peronismo. La historia como arma de combate político. Esta polisemia de públicos no es extraña. Ex profeso no hemos citado por orden cronológico a una de las obras de Jauretche: Política Nacional y Revisionismo Histórico, que si bien escrita en 1959, sintetiza en su título un fenómeno que alcanza el cenit en 1973 durante la “primavera camporista”, cuando los historiadores revisionistas intentan ocupar las posiciones centrales en las instituciones académicas y el aparato burocrático oficial relacionado con la historia. Los finales de los años 60 y principios de los 70 fueron sin duda la época de oro del revisionismo (con un avance notable de la corriente nacionalista popular, acompañada por la ‘izquierda nacional’ y las vertientes más radicalizadas del peronismo). Por todo ello, no se puede comprender el debate historiográfico argentino sin entender en profundidad al revisionismo, más allá de la valoración que se tenga de esa producción. Este explicitó la “politización” de la visión dominante hasta ese momento de la historia argentina, y le opuso otra no menos “politizada” (con la diferencia que asumía esa politización de modo público), que en gran parte se plegó activamente (y contribuyó a producir) a la profunda radicalización política y cultural de esos años. Todo en un contexto social en el cual la historia del país era un campo del combate político más general. Es un largo proceso, pero que tiene un punto de inflexión a partir del golpe setembrino[10]. Antes del mismo, Perón, guiado por un criterio pragmático, prefirió no incorporar el debate sobre el pasado a los conflictos que atravesaban el presente de la sociedad argentina, por lo que eludía pronunciarse públicamente sobre la problemática planteada por el revisionismo.[11] Vasta el ejemplo de los ferrocarriles nacionalizados, cuya nueva nominatividad respondía a la visión tradicional. Esto cambia a partir de las “épicas lluvias borgeanas”. Si bien la tríada San Martín-Rosas-Perón ya había sido preconizada por autores revisionistas durante el gobierno de este último, será después de 1955 que a la línea Mayo-Caseros-Septiembre propuesta por la Revolución Libertadora , se le responderá con la mencionada tríada desde los más diversos círculos del peronismo, incluyendo al propio ex presidente, desde el exilio. Jauretche señalará cáusticamente al respecto: “ La Línea Mayo-Caseros ha sido el mejor instrumento para provocar las analogías que establecen entre el pasado y el presente la comprensión histórica…!Flor de revisionistas estos Libertadores! Para perjudicar a Perón lo identificaron con Rosas y Rosas salió beneficiado en la comprensión popular. Caseros se identificó con setiembre de 1955 y los vencedores con los gorilas…” Es entonces que el nacionalismo aristocrático pierde el peso que tuviera en las décadas del 30 y 40 como sustento ideológico del revisionismo, a favor de la tradición forjista y de nuevas corrientes provenientes de la izquierda. El revisionismo se despoja de sus elementos más reaccionarios y tradicionalistas, posibilitando la incorporación de estos nuevos sectores intelectuales. Así en los 60 y primeros 70 el revisionismo de izquierda ya será una forma muy difundida para pensar el presente del país desde el pasado y viceversa. El auge de masas de esos años será tributario en parte de la simbología federal y revisionista, interpretando la historia del país como un combate prolongado entre una elite extranjerizante y clases populares poseedoras de un verdadero sentimiento nacional, en un enfoque que combinaba el enfrentamiento “nación-imperialismo” con la visión de la lucha de clases. La “historia oficial” formaba parte, en el plano ideológico, del reiterado triunfo de la minoría pro-imperialista sobre las mayorías oprimidas. La imposición de otra visión de la historia sería parte insoslayable y necesaria del triunfo final del “pueblo” sobre la “oligarquía”. La iconografía de los caudillos, encabezada por el propio Rosas formaría parte de los símbolos de Montoneros y grupos afines (si bien historiadores ligados a esa tendencia o al peronismo de base, como Puiggrós y Ortega Peña tenían una visión más reticente de Rosas).[12] Con todo, muchos hombres de esta nueva tendencia no dejarán de sentirse identificados en cierta medida con el revisionismo anterior, en una ‘transversalidad’ izquierda-derecha, que se proyectaba, de modo reflejo, en un repudio a todos los no revisionistas (asimilados como “liberales”) hecha asimismo sin distinguir entre izquierdas y derechas. El propio J. W. Cooke, representante máximo del peronismo en trance de radicalización hacia la izquierda, no consiguió apartarse nunca por completo de la cosmovisión nacionalista-revisionista de la historia argentina. De todos modos hay fuertes polémicas, especialmente en torno a la figura del Restaurador. Para Juaretche, Rosas constituye “la síntesis posible” mientras que para los sectores de Izquierda Nacional[13] no es más que la versión conciliadora y pactista del Puerto, más favorable para el Interior que la política rivadaviana pero menos popular y nacional que la propuesta de los caudillos interiores. Resulta interesante el hecho que estos debates se dan con el objetivo de llegar a un destinatario amplio y preciso a la vez: la clase media. El fenómeno de ese sector social (especialmente los que han accedido a mayor nivel de instrucción) acometiendo la tarea de borrar el “pecado” de la generación anterior de haberse apartado del “pueblo”, pasa también por aceptar, con mayor o menor grado de sentido crítico, la iconografía revisionista.[14] Jauretche es a fines de los años 60 un mimado de ese público. Ya señalamos que El Medio Pelo en la Sociedad Argentina y Manual de Zonceras Argentinas, han constituido formidables éxitos editoriales. Ambos textos analizan a la clase media y a su vez tienen como destinatario a la misma. Jauretche juega entonces con una complicidad sobreentendida con su lector. Sabe que este teme al fantasma de ser en realidad parte de lo que Jauretche critica: esto es ser “una señora gorda”, un “señoro”, un idiota útil a la intelligentsia liberal, en definitiva. Una forma de apartar ese espectro, de sumarse al campo “nacional y popular”, es hace propia la crítica jauretcheana a esos estereotipos. En un sentido más amplio, aquí podemos hallar una de las claves del fenómeno de creciente peronización de los sectores medios. Es en este tiempo de compromiso y militancia de esos sectores medios, en que Jauretche escribe (con ellos como destinatarios) la primera parte de su autobiografía, donde los recuerdos de infancia le servirán como excusa para desarrollar un planteo del revisionismo: el cambio en la apreciación de los sujetos de la historia. De hijos de empleados y maestras.
Hacia 1972 el revisionismo (especialmente en su ala izquierda) ha terminado de elaborar ese cambio de apreciación. El pueblo anónimo, los “descamisados” eran reivindicados desde el fondo de nuestra trayectoria nacional como portadores de valores positivos, el hombre común era elevado a protagonista de la historia, una suerte de “héroe colectivo”. Seis décadas antes “el hijo de un empleado público y una maestra” está encontrando a tientas a ese protagonista, enmascarado en la alteridad a su persona y su medio. “Tuve -en mi primera infancia- una idea de los grupos sociales, que no es muy parecida a la que tengo ahora pues su signo fundamental no era el económico sino la “cultura”. No parecía que la riqueza o la pobreza fueran los cartabones. El mundo se dividía entre los paisanos y “los otros”; mis padres, mis hermanos y yo éramos de “los otros”. También lo era toda la gente importante del pueblo, y también muchos no importantes…” No lo eran ciertamente los boyeritos y los chiquilines de las orillas que abandonaban tempranamente las aulas para acompañar a sus padres a la “junta” del maíz. Ni los despojos de los veteranos de la Guerra del Paraguay, mendigando en la plaza de su pueblo. Sabe Jauretche que se está dirigiendo a un lector que si pertenece al mundo de los “otros”. A ese vasto mundo de la genéricamente denominada clase media argentina, pasible de múltiples sectorizaciones a partir de lo económico, pero bastante homogénea desde lo cultural. Y sabe que en estos nuevos “hijos de empleados y maestras” encontrará una receptividad y una mirada cómplice construida al calor de su lucha en particular y de la del revisionismo en general durante los últimos años. Sabe que el lector de Pantalones Cortos, al revés que él, que desde un punto de vista cultural entró a este mundo “mal pisao”, como casi todos mis contemporáneos medio “leídos[15]”, está advertido acerca de lo que llamó “colonización pedagógica”, término bajo el que engloba los instrumentos que utilizó el liberalismo hegemónico del modelo agro exportador para construir un país europeizado y colonial, conveniente a ese modelo. Esa superestructura cultural de carácter antinacional se apoya tanto en el sistema escolar como en la falsificación del pasado. Así el primero planteaba una dicotomía: “La escuela no continuaba la vida sino que abría un paréntesis diario. La empiria del niño, su conocimiento vital recogido en el hogar y en su contorno, todo eso era aporte despreciable. La escuela daba la imagen de lo científico, todo lo empírico no lo era y no podía ser aceptado por ella…La escuela nos enseñó una botánica y una zoología técnica con criptógamas y fanerógamas, vertebrados e invertebrados, pero nada nos dijo de la botánica y la zoología que teníamos por delante. Sabíamos del ornitorrinco por la escuela y del baobab por Salgari, pero nada de baguales, ni de vacunos guampudos e ignorábamos el chañar, que fue la primera designación del pueblo hasta que le pusieron el nombre suficientemente culto de Lincoln…Nunca se nos habló de la laguna del Chancho, donde íbamos a bañarnos y a pescar en nuestras rabonas, como tampoco de la laguna de Gómez o Mar Chiquita, más cerca de Junín, que nunca supimos que se llamó Federación.” Esas omisiones no son gratuitas y forman parte de “la falsificación de la historia”. “El pueblo había sido treinta años antes territorio ranquelino, pero la escuela ignoraba oficialmente a los ranqueles. Debo a Búfalo Hill y a las primeras películas de cowboys mi primera noticia de los indios norteamericanos. Esos eran indios y no esos ranqueles indignos de la enseñanza normalista.”. Juaretche explica esa operación señalando que la incomprensión de lo preexistente al modelo liberal que se intenta imponer, termina entendiéndose como hecho anticultural, dando por resultado que todo hecho propio, por serlo es bárbaro, y todo hecho importado, por serlo era civilizado. Civilizar consistió entonces para el liberalismo, en desnacionalizar. Y una herramienta válida para lograr esto consistió en la divulgación, ajena a toda tradición oral de una “historia con héroes de cerería actuando en batallas sin barro, polvo, ni sangre…¿Es que ningún héroe argentino ha tenido dolores de muela, ni se ha calentado con una china, ni ha jugado una onza a una carta?... La historia extranjera terminaba por gustarnos más que la nacional porque esta última había sido escrita “para el Delfín” y partiendo del supuesto que el Delfín era un idiota. Seguro de encontrar en su lector la misma comunión nacional y popular, Jauretche expresa taxativamente esa certeza en las páginas finales del libro, al opinar que las nuevas generaciones”se han liberado de la enseñanza de la historia falsificada. Porque aunque muchos profesores y los programas escolares persistan, el maestro se encuentra ante la imposibilidad de repetirla frente a la indiferencia burlona con que los niños y jovencitos afrontan la “Educación Democrática”.[16] Mérito no menor del revisionismo el de haber logrado la caída de las anteojeras ideológicas de los sectores medios. Atrás parecen haber quedado los exponentes de la Línea Mayo-Caseros - Revolución Libertadora. Las nuevas camadas universitarias parecen estar inmunizadas de “fubismo”, liberadas las aulas y claustros de la maraña liberal conocida como “Flor de Romero”. La unión de los trabajadores, las clases medias y la burguesía nacional, tras un proyecto común de liberación, alianza por la que Jauretche viene abogando desde los tiempos de la derrota de 1955, parece estar cerca a principios de este 1973 en que Pantalones Cortos se vende como pan caliente. Se avizora en ese otoño que el mismo puede trasmutarse en primavera. Sin embargo… Tras cartón está la muerte
En el epílogo de Pantalones Cortos anuncia su continuación en dos libros más. El primero abarcará su biografía entre 1914 y 1943, llevando por título Verde, pintón y maduro y el otro, Los altos años, desde esa última fecha hasta “donde le dé el cuero”. Comienza a esbozar borradores. En Mayo de 1973 el triunfo del Frejuli lleva a este viejo militante de la causa popular a ocupar la dirección de EUDEBA, la Editorial de la Universidad de Buenos Aires. Puiggros asume el rectorado y Taiana la titularidad de la cartera de Educación. Elabora planes de largo alcance, tales como la edición de manuales y textos primarios y secundarios a bajo costo, para arrebatarles el monopolio editorial a Estrada y Kapelusz. Pero esto sobrepasa las posibilidades de la endeudada EUDEBA. A lo cual se suma la creciente derechización del gobierno peronista. Jauretche, con 72 años a cuestas, obeso, diabético e impertérrito fumador, ve día a día debilitarse su salud. Ideológicamente, opera simétricamente opuesto al corrimiento a la derecha del gobierno del FREJULI. Se acerca cada vez más a la llamada Tendencia Revolucionaria. Influye sobre su espíritu su sobrino Ernesto, militante destacado de ese sector radicalizado del peronismo. Finalmente en la madrugada del 25 de Mayo de 1974, a un año exacto de la alborada de esperanza que se ensombreció rápidamente, el viejo luchador abandona el combate. No creemos que el destino de un Jauretche superviviente lo hubiera hecho seguir el desdibujado camino del otro gran referente del revisionismo, en este caso de la Izquierda Nacional , Jorge Abelardo Ramos, que en su pertinaz búsqueda de “la burguesía nacional progresista”, o de algún remedo militar de aquella, terminó proponiendo un total seguidismo de corrientes burguesas reaccionarias, ya con el dictador Galtieri, ya con el presidente Menem. Aunque meramente conjetural, vista en retrospectiva la muerte por causas naturales de Arturo Martín Jauretche, le ahorró un crimen a la triple A o a los grupos de tareas de la dictadura militar.
Fernando Cesaretti Florencia Pagni Grupo Efefe
BIBLIOGRAFIA. CAMPIONE, Daniel. 2002. Argentina: la escritura de su historia. Bs. As. : Prometeo GALASSO, Norberto.1983. Las polémicas de Jauretche. Bs. As.: Los Nacionales _______. 1985. Jauretche y su Epoca. De Yrigoyen a Perón. Bs.As.: Peña Lillo. _______. 2000. Jauretche. Biografía de un argentino. Rosario: Homo Sapiens. JAURETCHE, Arturo.1974. Política Nacional y Revisionismo Histórico. Bs. As.: Peña Lillo. _______. 1974. Manual de Zonceras Argentinas. Bs. As.: Peña Lillo. _______. 1975. Los profetas del odio y la yapa (la colonización pedagógica). Bs. As.: Peña Lillo. _______.1984. De Memoria. Pantalones Cortos. Bs. As.: Peña Lillo. SARLO, Beatriz. 2001. La batalla de las ideas. 1943-1973. Bs. As.: Ariel.
[1] Escuela de Historia. Universidad Nacional de Rosario.[2] Habrá una tercera edición de la que no tenemos mayores datos, y en Octubre de 1984 se editará una cuarta, que es la utilizada para este trabajo.[3] Luego le añadirá “ la Yapa ”, esto es el análisis sobre la colonización pedagógica.[4] Jauretche opinaba que Ezequiel Martínez Estrada había degradado de radiógrafo pampeano a fotógrafo de barrio.[5] Términos tales como “fubista” o “Flor de Romero”, serán feliz creación de Jauretche para referirse a la ceguera ideológica y a la postura antipopular del estudiantado agrupado en la Federación Universitaria de Buenos Aires, o al entorno intelectual del interventor delegado por la Revolución Libertadora en la U.B .A., José Luis Romero.[6] “-Perón, ¡es el hombre ideal para que yo lo maneje!”, expresó Jauretche en 1944 a sus compañeros de FORJA, tras entrevistarse con el Secretario de Trabajo y Previsión. Ciertamente, el entonces coronel, resultó muy poco "manejable”.[7] Varios candidatos peronistas se presentaron a esa elección. Sin embargo la bendición de Perón fue para un antiguo antiperonista, Raúl Damonte Taborda, que en los años 30 fuera considerado irónicamente “diputado por la China ” (por la China Botana , su esposa, hija del magnate periodístico Natalio Botana). La elección la ganó un arquetipo de la intelligentsia, el socialista Alfredo Palacios, a quién Jauretche definiera como “figurón” y cabal representante del batallón de “animémonos y vayan.”[8] Su corbata de lazo pasa a ser un “icono jautcheano”[9] Jauretche tendrá amores y odios que mediarán su relación con alguno de éstos. Así, pese a las diferencias respetará, y lo hará público, a Ernesto Sábato y Victoria Ocampo. En cambio, una mezcla de odio y desprecio, lo llevará a calificar a Jorge Luis Borges: “-en la ciudad al tipo de hombre como Borges cuando adolescente le dan libros, en el campo en cambio, de puro brutos que somos, les atamos las manos”. A otros los ridiculizará y subestimará intelectualmente, tal el caso de Beatriz Guido a quien le dedica un capítulo de El Medio Pelo en la Sociedad Argentina. [10] El de 1955. Lamentablemente hay una tradición golpista que desde 1930 hace de Setiembre un mes paradigmático al respecto.[11] “- No me traiga problemas, aquí somos todos urquicistas”, dicen que le dijo Eva Duarte al diputado Eduardo Colom cuando este le pidió apoyo para organizar un homenaje a la figura del Restaurador.[12] Reiteradamente Jauretche insiste que reivindicar a los caudillos del Interior de debe implicar una subestimación de la figura de Rosas.[13] Cuyo referente indiscutido es Jorge Abelardo Ramos.[14] Un cuarto de siglo después esto resulta imposible. La visión de la clase media acerca de Rosas se acomoda mejor a una novela histórica como “El Farmer” de Andrés Rivera. Tras una visión primaria de la misma, donde una excelente prosa de alto contenido erótico subyuga al lector, el verdadero éxito de este libro está en haber aplicado la misma axiología propugnada por el revisionismo de los 60, pero en sentido negativo: Rosas es Perón (o el peronismo, o el menemismo) a partir de representar ambos el lado oscuro de la dicotomía sarmientina. Este fenómeno va de la mano con el de la revalorización de la figura de Sarmiento por, entre otros, los gremios docentes, típicos clivajes de clase media baja.[15] “mal pisáo”, “léido”… A.J. tuvo una propensión a salpicar su prosa con términos con sabor criollo. Recordemos que su primer obra, “El Paso de los Libres”, está construido literariamente en forma de poema gauchesco.[16] Como una rémora, hasta 1973 un texto de un ignoto profesor Alexandre de la Materia de 2do año Educación Democrática, tenía un capitulo llamado textualmente “ La Segunda Tiranía ”.
Obra.
A lo largo de 1972 Arturo Jauretche se aboca a la preparación de sus memorias. El primer (y finalmente único) tomo es publicado por la Editorial Peña Lillo en Diciembre de ese año, tirándose una segunda edición en Junio de 1973[2]. Titulado De Memorias. Pantalones cortos, no es el primer libro de Jauretche. Por el contrario, es la culminación de una obra que registra en orden cronológico los siguientes títulos: 1934: El Paso de los Libres. Edición prologada por Jorge Luis Borges. Una segunda edición en 1960 llevará el prólogo de Jorge Abelardo Ramos. 1956: El Plan Prebisch: retorno al coloniaje. 1957: Los profetas del Odio y la Yapa. 1958: Ejército y Política. 1959: Política Nacional y Revisionismo Histórico. 1960: Prosas de Hacha y Tiza. 1962: Forja y la Década Infame. 1964: Filo, Contrafilo y Punta. 1966: El Medio Pelo en la Sociedad Argentina. 1968: Manual de Zonceras Argentinas. 1969: Mano a Mano entre Nosotros.
Y vida. A estos títulos se le suman innumerables artículos periodísticos y colaboraciones de distinto tipo a lo largo de varias décadas de activa militancia como ensayista, escritor y político. Una larga vida que comienza el 13 de Noviembre de 1901 en Lincoln, en el noroeste bonaerense. En 1920 se instala definitivamente en la ciudad de Buenos Aires. Militante conservador por tradición familiar en su juventud, su maduración intelectual lo lleva progresivamente a enrolarse en el radicalismo. Ya decidido yrigoyenista, Juaretche ocupará algunos cargos partidarios en el segundo gobierno de Yrigoyen, y caído este, combatirá decididamente al régimen triunfante. En 1933 participa en Corrientes en el levantamiento radical de los coroneles Bosch y Pomar contra el gobierno de Justo. Vencido el alzamiento, Jauretche es detenido. En prisión escribe sobre estos episodios. Lo hace en forma de poema gauchesco. Titulado “El Paso de los Libres” será prologado por Jorge Luis Borges, algo que se torna cuasi increíble en retrospectiva, dado los caminos divergentes que siguieron ambos personajes. A su vez sus graves divergencias con el sector alvearista que conduce el radicalismo hacen crisis en 1935. Frente al levantamiento de la abstención electoral por el Comité Nacional de la UCR , Jauretche junto a, entre otros, Gabriel del Mazo, Homero Manzi, Luis Dellepiane y Raúl Scalabrini Ortiz, fundan FORJA: Fuerza de Orientación Radical de la Nueva Argentina. Esta agrupación tendrá gran influencia en los sectores del nacionalismo democrático. Su posición neutralista durante la Guerra , llevará a Jauretche a apartarse del radicalismo definitivamente y adherir críticamente al emergente peronismo. Cercano a los lineamientos del equipo económico liderado por Miguel Miranda, y con el apoyo del gobernador bonaerense Domingo Mercante, Jauretche será Presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires desde 1946 hasta 1951. La caída en desgracia de sus mentores, lo llevan al ostracismo. Pese a esto se mantiene fiel al peronismo y al producirse el golpe de 1955, Jauretche abandona su silencio y retorna a la lucha política “en defensa de los diez años de gobierno popular” Nace entonces un nuevo Jauretche. Mientras la mayor parte de los jerarcas del régimen depuesto se desbandan, desertan cobardemente o cambian de camiseta, Jauretche, que había estado ausente de las responsabilidades del gobierno en los últimos años y por lo tanto no es perseguido ni procesado, abandona la comodidad de esta posición y se lanza al combate, convencido según sus propias palabras “que el ataque a los caídos era sólo el pretexto para un ataque más profundo, dirigido al pensamiento que servía de base a la Revolución Nacional ”. El periódico El Líder, el semanario El 45 y la publicación a principios de 1956 de El Plan Prebisch: retorno al coloniaje, marcan los primeros jalones de esa lucha Perseguido, se exilia en Montevideo. En 1957 publica allí Los profetas del Odio[3]. Escrito con tono y espíritu panfletario, a través de sus páginas Jauretche polemiza en tono amable con Ernesto Sábato y ataca a Ezequiel Martínez Estrada, refutando las argumentaciones claramente discriminatorias y hasta racistas del “radiógrafo de la pampa[4]” sobre la clase obrera peronista. Jauretche ve estas argumentaciones como expresión del prejuicio de la clase media. Sector particularmente irritado con el peronismo en tanto este –entendía- había logrado a través de la industrialización, la independencia económica y la prosperidad de los trabajadores. Esta prosperidad ciertamente no había irritado “a los de muy arriba, porque el empresario sabe que esa prosperidad general es condición necesaria de las buenas ventas, es mercado comprador para sus productos.” La irritación se había dado, y profundamente, en los sectores intermedios para los que los cambios producidos por el peronismo actuaron como un revulsivo, el mundo de “los pequeños propietarios y rentistas, los funcionarios, los profesionales, los educadores, los intelectuales, los políticos de segundo y tercer orden, elementos activos o parasitarios de esa sociedad”. Sectores donde los prejuicios de clase se habían impuesto a los intereses de clase “pues si hay un sector destinado a beneficiarse de la grandeza nacional lograda por la liberación económica, es este intermedio…” Sin embargo para Jauretche no es este intermedio su enemigo. Propugna por un movimiento nacional en el que se integren los elementos de clase media y burguesía junto a los proletarios. Entiende que una política que aísle a los trabajadores de la clase media y de lo que entiende por burguesía nacional, perjudicaría de modo irremediable al movimiento nacional. El verdadero enemigo es aquel que rotula como intelligentsia, vasto contubernio político e intelectual caracterizado tanto por su cosmopolitismo como por su elitismo. Es en el campo universitario donde, desvirtuado el espíritu reformista, la intelligentsia hace estragos.[5] Lo esencial entonces de la lucha que emprende Jauretche en esos años pasa por terminar con el largo equívoco que ha llevado al divorcio entre doctores y pueblo, o dicho en otro términos, sumar al “campo nacional” a vastos sectores de la clase media, en especial el estudiantado universitario. Para ello utilizará la técnica maniquea de la complicidad. Crear el antagonista, en este caso la intelligentsia, para dar por sentado que su lector potencial, pese a hallarse en los difusos límites del campo en que su mueve aquella, pertenece sin embargo al otro lado, el “nacional”. Esa línea nacional excede para Jauretche los límites del peronismo. Es una causa que trasciende a hombres y partidos, a los que se puede adherir en tanto estos y aquellos sirvan como instrumento de esa causa. Esta postura explica en gran medida la esencia de la relación ambivalente que se da a lo largo de tres décadas entre Jauretche y Perón.[6]Así en el proceso electoral de 1958 se opone a las directivas de Perón que postulan el voto en blanco, abogando por sufragar a favor del frondizismo para impedir la continuidad de la Revolución Libertadora con el triunfo del radicalismo balbinista. En 1961 se postula como candidato a Senador por la Capital Federal , obteniendo una contundente derrota.[7] Después de esta desafortunada experiencia retorna al periodismo combativo. Publica en Democracia y en diarios y periódicos del interior. Y se van sumando nuevas obras. Forja y la Década Infame en 1962, Filo, Contrafilo y Punta en 1964. En 1965 colabora en periódicos de efímera vida: Marcha y Palabra Argentina. En 1966 en medio de los estertores agónicos del gobierno radical publica El Medio Pelo en la Sociedad Argentina que junto al Manual de Zonceras Argentinas de 1968, constituyen dos éxitos editoriales por su inmediata repercusión. Por entonces la paz de los cementerios propuesta como modelo social por el onganiato está a punto de estallar y Jauretche se suma a la CGT de los Argentinos, integrando la “Comisión de Afirmación Nacional” de esa central obrera. En ese 1969 publica una recopilación de distintas notas periodísticas que titula Mano a Mano entre Nosotros. Por esos años y cada vez más asiduamente, participa activamente de los debates de la época, siendo frecuentemente invitado a los programas de televisión, donde un Jauretche ya septuagenario, vestido anacrónicamente[8] no elude la polémica, enfrentando con estilo cáustico a la intelligentsia, y a sus representantes. Esta frontalidad le traerá problemas, al extremo que en Junio de 1971 llega a batirse a duelo con el general Oscar Colombo. El lance fue a pistola, y según testigos del mismo, ambos contendientes tiraron a matar, fallando ambos. Con menos dramatismo se enfrenta dialécticamente con otros personeros de esa intelligentsia, a algunos de los cuales considera meros “idiotas útiles”[9]. No rehuye tampoco asistir a mesas redondas y encuentro ante los más disímiles auditorios, con una variedad ideológica que va del nacionalismo al marxismo.
Revisionismo y Peronismo. La historia como arma de combate político. Esta polisemia de públicos no es extraña. Ex profeso no hemos citado por orden cronológico a una de las obras de Jauretche: Política Nacional y Revisionismo Histórico, que si bien escrita en 1959, sintetiza en su título un fenómeno que alcanza el cenit en 1973 durante la “primavera camporista”, cuando los historiadores revisionistas intentan ocupar las posiciones centrales en las instituciones académicas y el aparato burocrático oficial relacionado con la historia. Los finales de los años 60 y principios de los 70 fueron sin duda la época de oro del revisionismo (con un avance notable de la corriente nacionalista popular, acompañada por la ‘izquierda nacional’ y las vertientes más radicalizadas del peronismo). Por todo ello, no se puede comprender el debate historiográfico argentino sin entender en profundidad al revisionismo, más allá de la valoración que se tenga de esa producción. Este explicitó la “politización” de la visión dominante hasta ese momento de la historia argentina, y le opuso otra no menos “politizada” (con la diferencia que asumía esa politización de modo público), que en gran parte se plegó activamente (y contribuyó a producir) a la profunda radicalización política y cultural de esos años. Todo en un contexto social en el cual la historia del país era un campo del combate político más general. Es un largo proceso, pero que tiene un punto de inflexión a partir del golpe setembrino[10]. Antes del mismo, Perón, guiado por un criterio pragmático, prefirió no incorporar el debate sobre el pasado a los conflictos que atravesaban el presente de la sociedad argentina, por lo que eludía pronunciarse públicamente sobre la problemática planteada por el revisionismo.[11] Vasta el ejemplo de los ferrocarriles nacionalizados, cuya nueva nominatividad respondía a la visión tradicional. Esto cambia a partir de las “épicas lluvias borgeanas”. Si bien la tríada San Martín-Rosas-Perón ya había sido preconizada por autores revisionistas durante el gobierno de este último, será después de 1955 que a la línea Mayo-Caseros-Septiembre propuesta por la Revolución Libertadora , se le responderá con la mencionada tríada desde los más diversos círculos del peronismo, incluyendo al propio ex presidente, desde el exilio. Jauretche señalará cáusticamente al respecto: “ La Línea Mayo-Caseros ha sido el mejor instrumento para provocar las analogías que establecen entre el pasado y el presente la comprensión histórica…!Flor de revisionistas estos Libertadores! Para perjudicar a Perón lo identificaron con Rosas y Rosas salió beneficiado en la comprensión popular. Caseros se identificó con setiembre de 1955 y los vencedores con los gorilas…” Es entonces que el nacionalismo aristocrático pierde el peso que tuviera en las décadas del 30 y 40 como sustento ideológico del revisionismo, a favor de la tradición forjista y de nuevas corrientes provenientes de la izquierda. El revisionismo se despoja de sus elementos más reaccionarios y tradicionalistas, posibilitando la incorporación de estos nuevos sectores intelectuales. Así en los 60 y primeros 70 el revisionismo de izquierda ya será una forma muy difundida para pensar el presente del país desde el pasado y viceversa. El auge de masas de esos años será tributario en parte de la simbología federal y revisionista, interpretando la historia del país como un combate prolongado entre una elite extranjerizante y clases populares poseedoras de un verdadero sentimiento nacional, en un enfoque que combinaba el enfrentamiento “nación-imperialismo” con la visión de la lucha de clases. La “historia oficial” formaba parte, en el plano ideológico, del reiterado triunfo de la minoría pro-imperialista sobre las mayorías oprimidas. La imposición de otra visión de la historia sería parte insoslayable y necesaria del triunfo final del “pueblo” sobre la “oligarquía”. La iconografía de los caudillos, encabezada por el propio Rosas formaría parte de los símbolos de Montoneros y grupos afines (si bien historiadores ligados a esa tendencia o al peronismo de base, como Puiggrós y Ortega Peña tenían una visión más reticente de Rosas).[12] Con todo, muchos hombres de esta nueva tendencia no dejarán de sentirse identificados en cierta medida con el revisionismo anterior, en una ‘transversalidad’ izquierda-derecha, que se proyectaba, de modo reflejo, en un repudio a todos los no revisionistas (asimilados como “liberales”) hecha asimismo sin distinguir entre izquierdas y derechas. El propio J. W. Cooke, representante máximo del peronismo en trance de radicalización hacia la izquierda, no consiguió apartarse nunca por completo de la cosmovisión nacionalista-revisionista de la historia argentina. De todos modos hay fuertes polémicas, especialmente en torno a la figura del Restaurador. Para Juaretche, Rosas constituye “la síntesis posible” mientras que para los sectores de Izquierda Nacional[13] no es más que la versión conciliadora y pactista del Puerto, más favorable para el Interior que la política rivadaviana pero menos popular y nacional que la propuesta de los caudillos interiores. Resulta interesante el hecho que estos debates se dan con el objetivo de llegar a un destinatario amplio y preciso a la vez: la clase media. El fenómeno de ese sector social (especialmente los que han accedido a mayor nivel de instrucción) acometiendo la tarea de borrar el “pecado” de la generación anterior de haberse apartado del “pueblo”, pasa también por aceptar, con mayor o menor grado de sentido crítico, la iconografía revisionista.[14] Jauretche es a fines de los años 60 un mimado de ese público. Ya señalamos que El Medio Pelo en la Sociedad Argentina y Manual de Zonceras Argentinas, han constituido formidables éxitos editoriales. Ambos textos analizan a la clase media y a su vez tienen como destinatario a la misma. Jauretche juega entonces con una complicidad sobreentendida con su lector. Sabe que este teme al fantasma de ser en realidad parte de lo que Jauretche critica: esto es ser “una señora gorda”, un “señoro”, un idiota útil a la intelligentsia liberal, en definitiva. Una forma de apartar ese espectro, de sumarse al campo “nacional y popular”, es hace propia la crítica jauretcheana a esos estereotipos. En un sentido más amplio, aquí podemos hallar una de las claves del fenómeno de creciente peronización de los sectores medios. Es en este tiempo de compromiso y militancia de esos sectores medios, en que Jauretche escribe (con ellos como destinatarios) la primera parte de su autobiografía, donde los recuerdos de infancia le servirán como excusa para desarrollar un planteo del revisionismo: el cambio en la apreciación de los sujetos de la historia. De hijos de empleados y maestras.
Hacia 1972 el revisionismo (especialmente en su ala izquierda) ha terminado de elaborar ese cambio de apreciación. El pueblo anónimo, los “descamisados” eran reivindicados desde el fondo de nuestra trayectoria nacional como portadores de valores positivos, el hombre común era elevado a protagonista de la historia, una suerte de “héroe colectivo”. Seis décadas antes “el hijo de un empleado público y una maestra” está encontrando a tientas a ese protagonista, enmascarado en la alteridad a su persona y su medio. “Tuve -en mi primera infancia- una idea de los grupos sociales, que no es muy parecida a la que tengo ahora pues su signo fundamental no era el económico sino la “cultura”. No parecía que la riqueza o la pobreza fueran los cartabones. El mundo se dividía entre los paisanos y “los otros”; mis padres, mis hermanos y yo éramos de “los otros”. También lo era toda la gente importante del pueblo, y también muchos no importantes…” No lo eran ciertamente los boyeritos y los chiquilines de las orillas que abandonaban tempranamente las aulas para acompañar a sus padres a la “junta” del maíz. Ni los despojos de los veteranos de la Guerra del Paraguay, mendigando en la plaza de su pueblo. Sabe Jauretche que se está dirigiendo a un lector que si pertenece al mundo de los “otros”. A ese vasto mundo de la genéricamente denominada clase media argentina, pasible de múltiples sectorizaciones a partir de lo económico, pero bastante homogénea desde lo cultural. Y sabe que en estos nuevos “hijos de empleados y maestras” encontrará una receptividad y una mirada cómplice construida al calor de su lucha en particular y de la del revisionismo en general durante los últimos años. Sabe que el lector de Pantalones Cortos, al revés que él, que desde un punto de vista cultural entró a este mundo “mal pisao”, como casi todos mis contemporáneos medio “leídos[15]”, está advertido acerca de lo que llamó “colonización pedagógica”, término bajo el que engloba los instrumentos que utilizó el liberalismo hegemónico del modelo agro exportador para construir un país europeizado y colonial, conveniente a ese modelo. Esa superestructura cultural de carácter antinacional se apoya tanto en el sistema escolar como en la falsificación del pasado. Así el primero planteaba una dicotomía: “La escuela no continuaba la vida sino que abría un paréntesis diario. La empiria del niño, su conocimiento vital recogido en el hogar y en su contorno, todo eso era aporte despreciable. La escuela daba la imagen de lo científico, todo lo empírico no lo era y no podía ser aceptado por ella…La escuela nos enseñó una botánica y una zoología técnica con criptógamas y fanerógamas, vertebrados e invertebrados, pero nada nos dijo de la botánica y la zoología que teníamos por delante. Sabíamos del ornitorrinco por la escuela y del baobab por Salgari, pero nada de baguales, ni de vacunos guampudos e ignorábamos el chañar, que fue la primera designación del pueblo hasta que le pusieron el nombre suficientemente culto de Lincoln…Nunca se nos habló de la laguna del Chancho, donde íbamos a bañarnos y a pescar en nuestras rabonas, como tampoco de la laguna de Gómez o Mar Chiquita, más cerca de Junín, que nunca supimos que se llamó Federación.” Esas omisiones no son gratuitas y forman parte de “la falsificación de la historia”. “El pueblo había sido treinta años antes territorio ranquelino, pero la escuela ignoraba oficialmente a los ranqueles. Debo a Búfalo Hill y a las primeras películas de cowboys mi primera noticia de los indios norteamericanos. Esos eran indios y no esos ranqueles indignos de la enseñanza normalista.”. Juaretche explica esa operación señalando que la incomprensión de lo preexistente al modelo liberal que se intenta imponer, termina entendiéndose como hecho anticultural, dando por resultado que todo hecho propio, por serlo es bárbaro, y todo hecho importado, por serlo era civilizado. Civilizar consistió entonces para el liberalismo, en desnacionalizar. Y una herramienta válida para lograr esto consistió en la divulgación, ajena a toda tradición oral de una “historia con héroes de cerería actuando en batallas sin barro, polvo, ni sangre…¿Es que ningún héroe argentino ha tenido dolores de muela, ni se ha calentado con una china, ni ha jugado una onza a una carta?... La historia extranjera terminaba por gustarnos más que la nacional porque esta última había sido escrita “para el Delfín” y partiendo del supuesto que el Delfín era un idiota. Seguro de encontrar en su lector la misma comunión nacional y popular, Jauretche expresa taxativamente esa certeza en las páginas finales del libro, al opinar que las nuevas generaciones”se han liberado de la enseñanza de la historia falsificada. Porque aunque muchos profesores y los programas escolares persistan, el maestro se encuentra ante la imposibilidad de repetirla frente a la indiferencia burlona con que los niños y jovencitos afrontan la “Educación Democrática”.[16] Mérito no menor del revisionismo el de haber logrado la caída de las anteojeras ideológicas de los sectores medios. Atrás parecen haber quedado los exponentes de la Línea Mayo-Caseros - Revolución Libertadora. Las nuevas camadas universitarias parecen estar inmunizadas de “fubismo”, liberadas las aulas y claustros de la maraña liberal conocida como “Flor de Romero”. La unión de los trabajadores, las clases medias y la burguesía nacional, tras un proyecto común de liberación, alianza por la que Jauretche viene abogando desde los tiempos de la derrota de 1955, parece estar cerca a principios de este 1973 en que Pantalones Cortos se vende como pan caliente. Se avizora en ese otoño que el mismo puede trasmutarse en primavera. Sin embargo… Tras cartón está la muerte
En el epílogo de Pantalones Cortos anuncia su continuación en dos libros más. El primero abarcará su biografía entre 1914 y 1943, llevando por título Verde, pintón y maduro y el otro, Los altos años, desde esa última fecha hasta “donde le dé el cuero”. Comienza a esbozar borradores. En Mayo de 1973 el triunfo del Frejuli lleva a este viejo militante de la causa popular a ocupar la dirección de EUDEBA, la Editorial de la Universidad de Buenos Aires. Puiggros asume el rectorado y Taiana la titularidad de la cartera de Educación. Elabora planes de largo alcance, tales como la edición de manuales y textos primarios y secundarios a bajo costo, para arrebatarles el monopolio editorial a Estrada y Kapelusz. Pero esto sobrepasa las posibilidades de la endeudada EUDEBA. A lo cual se suma la creciente derechización del gobierno peronista. Jauretche, con 72 años a cuestas, obeso, diabético e impertérrito fumador, ve día a día debilitarse su salud. Ideológicamente, opera simétricamente opuesto al corrimiento a la derecha del gobierno del FREJULI. Se acerca cada vez más a la llamada Tendencia Revolucionaria. Influye sobre su espíritu su sobrino Ernesto, militante destacado de ese sector radicalizado del peronismo. Finalmente en la madrugada del 25 de Mayo de 1974, a un año exacto de la alborada de esperanza que se ensombreció rápidamente, el viejo luchador abandona el combate. No creemos que el destino de un Jauretche superviviente lo hubiera hecho seguir el desdibujado camino del otro gran referente del revisionismo, en este caso de la Izquierda Nacional , Jorge Abelardo Ramos, que en su pertinaz búsqueda de “la burguesía nacional progresista”, o de algún remedo militar de aquella, terminó proponiendo un total seguidismo de corrientes burguesas reaccionarias, ya con el dictador Galtieri, ya con el presidente Menem. Aunque meramente conjetural, vista en retrospectiva la muerte por causas naturales de Arturo Martín Jauretche, le ahorró un crimen a la triple A o a los grupos de tareas de la dictadura militar.
Fernando Cesaretti Florencia Pagni Grupo Efefe
BIBLIOGRAFIA. CAMPIONE, Daniel. 2002. Argentina: la escritura de su historia. Bs. As. : Prometeo GALASSO, Norberto.1983. Las polémicas de Jauretche. Bs. As.: Los Nacionales _______. 1985. Jauretche y su Epoca. De Yrigoyen a Perón. Bs.As.: Peña Lillo. _______. 2000. Jauretche. Biografía de un argentino. Rosario: Homo Sapiens. JAURETCHE, Arturo.1974. Política Nacional y Revisionismo Histórico. Bs. As.: Peña Lillo. _______. 1974. Manual de Zonceras Argentinas. Bs. As.: Peña Lillo. _______. 1975. Los profetas del odio y la yapa (la colonización pedagógica). Bs. As.: Peña Lillo. _______.1984. De Memoria. Pantalones Cortos. Bs. As.: Peña Lillo. SARLO, Beatriz. 2001. La batalla de las ideas. 1943-1973. Bs. As.: Ariel.
[1] Escuela de Historia. Universidad Nacional de Rosario.[2] Habrá una tercera edición de la que no tenemos mayores datos, y en Octubre de 1984 se editará una cuarta, que es la utilizada para este trabajo.[3] Luego le añadirá “ la Yapa ”, esto es el análisis sobre la colonización pedagógica.[4] Jauretche opinaba que Ezequiel Martínez Estrada había degradado de radiógrafo pampeano a fotógrafo de barrio.[5] Términos tales como “fubista” o “Flor de Romero”, serán feliz creación de Jauretche para referirse a la ceguera ideológica y a la postura antipopular del estudiantado agrupado en la Federación Universitaria de Buenos Aires, o al entorno intelectual del interventor delegado por la Revolución Libertadora en la U.B .A., José Luis Romero.[6] “-Perón, ¡es el hombre ideal para que yo lo maneje!”, expresó Jauretche en 1944 a sus compañeros de FORJA, tras entrevistarse con el Secretario de Trabajo y Previsión. Ciertamente, el entonces coronel, resultó muy poco "manejable”.[7] Varios candidatos peronistas se presentaron a esa elección. Sin embargo la bendición de Perón fue para un antiguo antiperonista, Raúl Damonte Taborda, que en los años 30 fuera considerado irónicamente “diputado por la China ” (por la China Botana , su esposa, hija del magnate periodístico Natalio Botana). La elección la ganó un arquetipo de la intelligentsia, el socialista Alfredo Palacios, a quién Jauretche definiera como “figurón” y cabal representante del batallón de “animémonos y vayan.”[8] Su corbata de lazo pasa a ser un “icono jautcheano”[9] Jauretche tendrá amores y odios que mediarán su relación con alguno de éstos. Así, pese a las diferencias respetará, y lo hará público, a Ernesto Sábato y Victoria Ocampo. En cambio, una mezcla de odio y desprecio, lo llevará a calificar a Jorge Luis Borges: “-en la ciudad al tipo de hombre como Borges cuando adolescente le dan libros, en el campo en cambio, de puro brutos que somos, les atamos las manos”. A otros los ridiculizará y subestimará intelectualmente, tal el caso de Beatriz Guido a quien le dedica un capítulo de El Medio Pelo en la Sociedad Argentina. [10] El de 1955. Lamentablemente hay una tradición golpista que desde 1930 hace de Setiembre un mes paradigmático al respecto.[11] “- No me traiga problemas, aquí somos todos urquicistas”, dicen que le dijo Eva Duarte al diputado Eduardo Colom cuando este le pidió apoyo para organizar un homenaje a la figura del Restaurador.[12] Reiteradamente Jauretche insiste que reivindicar a los caudillos del Interior de debe implicar una subestimación de la figura de Rosas.[13] Cuyo referente indiscutido es Jorge Abelardo Ramos.[14] Un cuarto de siglo después esto resulta imposible. La visión de la clase media acerca de Rosas se acomoda mejor a una novela histórica como “El Farmer” de Andrés Rivera. Tras una visión primaria de la misma, donde una excelente prosa de alto contenido erótico subyuga al lector, el verdadero éxito de este libro está en haber aplicado la misma axiología propugnada por el revisionismo de los 60, pero en sentido negativo: Rosas es Perón (o el peronismo, o el menemismo) a partir de representar ambos el lado oscuro de la dicotomía sarmientina. Este fenómeno va de la mano con el de la revalorización de la figura de Sarmiento por, entre otros, los gremios docentes, típicos clivajes de clase media baja.[15] “mal pisáo”, “léido”… A.J. tuvo una propensión a salpicar su prosa con términos con sabor criollo. Recordemos que su primer obra, “El Paso de los Libres”, está construido literariamente en forma de poema gauchesco.[16] Como una rémora, hasta 1973 un texto de un ignoto profesor Alexandre de la Materia de 2do año Educación Democrática, tenía un capitulo llamado textualmente “ La Segunda Tiranía ”.
lunes, 7 de julio de 2008
Carta de Arturo Jauretche a Victoria Ocampo
Buenos Aires 6 de abril de 1971
Señora Ocampo
[...] He sido mal educado en lo que Catita llama "hablar en idioma" y me temo que usted sospeche que ahí está la raíz de mi posición nacional, como yo sospecho que en sus Institutrices está lo de su universalismo. También tiene la culpa mi pésimo oído: con decirle que no sé distinguir "Los muchachos peronistas" de "La marcha de la libertad". Le agradezco la información de que "cenar" es palabra prohibida en la tribu, pero ya lo sabía por Landrú: sin embargo me pregunto por qué no le pasa
n el dato a un mozo Leonardo de Vinci que pintó algo en Milán. Habría también que ver los Evangelios por si emplean la expresión "Ultima cena" (supongo que en arameo eso se diría como en la tribu pero después los traductores griegos y latinos echaron todo a perder. Ahora le confieso que lo de ULTIMA COMIDA no me suena: da una idea de apóstoles obesos y manjares sustanciosos que no anda con la frugalidad presumida. ¿La solución sería decir EL ULTIMO SOUPER? [...]Recojo su saludo para "la bandera idolatrada" pero a causa del defecto de oído que le señalé, me es imposible tomar el ritmo de marcha escolar adecuado al mensaje.Con toda cordialidadArturo JauretcheHacia 1963, en una de las presentaciones de la Misa Criolla en Buenos Aires, Jauretche conoció de lejos a Victoria Ocampo. Por más que el locutor hizo alusión a sus presencias como parte del público, ellos omitieron la posibilidad de ser presentados cara a cara. Victoria intentó seducir al sabueso polemista, pero Jauretche mostró resistencia. Dicen que durante un año mantuvieron correspondencia por cartas, llevado en mano por un cartero privado, donde discutían la agenda política nacional e internacional del momento, casi siempre acompañado por una bandeja de medialunas como modo de reivindicar la repostería criolla frente a la francesa.
FUENTEhttp://cartasfamosas.blogspot.com/
n el dato a un mozo Leonardo de Vinci que pintó algo en Milán. Habría también que ver los Evangelios por si emplean la expresión "Ultima cena" (supongo que en arameo eso se diría como en la tribu pero después los traductores griegos y latinos echaron todo a perder. Ahora le confieso que lo de ULTIMA COMIDA no me suena: da una idea de apóstoles obesos y manjares sustanciosos que no anda con la frugalidad presumida. ¿La solución sería decir EL ULTIMO SOUPER? [...]Recojo su saludo para "la bandera idolatrada" pero a causa del defecto de oído que le señalé, me es imposible tomar el ritmo de marcha escolar adecuado al mensaje.Con toda cordialidadArturo JauretcheHacia 1963, en una de las presentaciones de la Misa Criolla en Buenos Aires, Jauretche conoció de lejos a Victoria Ocampo. Por más que el locutor hizo alusión a sus presencias como parte del público, ellos omitieron la posibilidad de ser presentados cara a cara. Victoria intentó seducir al sabueso polemista, pero Jauretche mostró resistencia. Dicen que durante un año mantuvieron correspondencia por cartas, llevado en mano por un cartero privado, donde discutían la agenda política nacional e internacional del momento, casi siempre acompañado por una bandeja de medialunas como modo de reivindicar la repostería criolla frente a la francesa. F.O.R.J.A.: “EL INICIO DE UN PENSAMIENTO NACIONAL”

Por Guillermo Mircovich
F.O.R.J.A, son las iniciales de un movimiento innovador en la historia política de la República Argentina, y no es “ solamente un núcleo de influencia nacionalista opositor a la conducción alvearista de la U.C.R. y que sus principales miembros eran Arturo Jauretche, Saúl Scalabrini Ortíz y Homero Manzi”, Historia Argentina, Secundaria, Santillana.Escrito de esta forma, es quitarle la importancia que tuvo en el accionar interno de la política argentina y menoscabar los pensamientos de estos hombres, que estaban más allá de la política especuladora partidista de aquellos tiempos.En el espíritu de ellos estaba instalado, la hombría del bien, los cambios revolucionarios de una nación, y por sobre todas las cosa, la finalización del fraude, la corrupción, y la instalación de la igualdad de condiciones de vida para todos los habitantes del país.
INTRODUCCION
INTRODUCCION
Marcelo de Alvear, era el Presidente, pero las cosas no funcionaban bien, uno de los primeros en alzar la voz es Manuel Ortíz Pereyra, de profesión periodista “ Hermano y compatriota...Lleve las manos a su bolsillo y cuente sus moneditas...No tiene usted, en definitiva, más que un bello suelo donde va a ser enterrado dentro de poco. Medite...y acompáñeme; ¡ Vamos a realizar nuestra impostergable redención económica”. Fue el primer clamor que alertaba las conciencias sobre la dominación extranjera en el Río de la Plata.En nuestros documentos sobre La Revolución de Mayo, Rivadavia, Sarmiento, Rosas, en las notas sobre La vuelta de Obligado, la batalla de Caseros, expresamos continuamente la intervención extranjera en suelo argentino, y como muchos de nuestros próceres de bronce ensalzados por la historia de Mitre, son solamente la consecuencia de hacer formar un pensamiento equivocado sobre la patria verdadera que necesitamos los argentinos.Ese cipallismo esparcido por Mitre al solo efecto de confundir las opiniones, vuelve a contemporizarse nuevamente en 1926, no es nada raro hasta los días de hoy que suframos este tipo de consecuencias, y la vamos a seguir teniendo en la medida que no comencemos a reconocer quien fue el malo y quien el bueno en nuestra historia.Cuando hubo un intento de cambiar la política educacional del país en los tiempos Peronistas,muy pronto salieron las voces a denunciar que se hacía política partidaria a través de los libros escolares, cuando en ellos se destacaban los que realmente trabajaban para el pueblo, "Evita ama a los niños, los niños aman a Evita”. Después de 50 años, ¿ es mentira esta frase?, todavía existen los irrazonables que despotrican sobre esto, pero para ellos, sí, Sarmiento sigue siendo el Padre del aula, Sarmiento inmortal, cuando hemos demostrado sobre sus mismos escritos, que sus ideas eran más discriminatorias que las de los “ dictadores” de nuestra historia, no olvidemos el ¡¡ Muerte al Gaucho!!, de la cual Sarmiento era parte.Pero la historia argentina se fue desarrollando en medio de estas intrigas políticas que hicieron desviar pensamientos, y en este tiempo de la década del 1920 y 1945 sucedieron los hechos que nos hacen analizaresta parte de los acontecimientos. Y F.O.R.J.A., merece que los argentinos aprendamos y conozcamos la lucha de los hombres que la integraron.
EL LANZAMIENTO DE F.O.R.J.A.
EL LANZAMIENTO DE F.O.R.J.A.
Miguel Ángel Scenna, en su libro sobre la historia de FORJA, cuenta que allábase en Mendoza un joven que al producirse la revolución que desaloja a Yrigoyen del gobierno, comienza a defender a gritos al ex presidente, por lo cual es apresado, encontrándose en su poder un arma, es llevado a la comisaría y se lo identifica como: Arturo Jauretche, lo trasladan al cuartel para ser juzgado bajo la ley marcial que imperaba en ese momento, el Teniente Coronel Edelmiro Farrell, futuro presidente, es quien estaba a cargo del cuartel, por esas cosas de la vida, Jauretche es sacado a la noche del calabozo con la “ expresa recomendación de mandarse a mudar”,... justamente salía un tren para Buenos Aires... ya Don Arturo de 28 años, sabía de la lucha que lo esperaba si quería defender sus derechos.El periodista Ortíz Pereyra, desde sus escritos, anticipaba la comunión de pensamientos en materia de libertad política y emancipación, el tiempo haría el resto.Liberan a Yrigoyen, y allí acuden un grupo de jóvenes radicales, la orden era defender al comité de Capital Federal, como contrapeso del comité nacional, tenían la firme convicción del apoyo del viejo líderQueda constituida el 29 de Junio de 1935, Ortíz Pereyra, Arturo Jauretche, Homero Manzi, Juan M: Fleitas, Félix Ramírez García, son los primeros en dar forma al proyecto de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, el lema “ Somos una Argentina colonial. Queremos ser una Argentina libre”, la primera lucha se presenta contra el Estatuto Legal del Coloniaje llevado adelante por Agustín Justo, la áspera contestación de FORJA era, “... Nación satisfecha de tener una linda bandera, un himno solemne y un escudo con gorro frigio, aunque su tierra, su comercio, sus industrias y todos sus servicios públicos, terrestres, fluviales y marítimos, se mantuvieronsubyugados en manos extranjeras”, ya colaboraba Raúl Scalabrini Ortíz en los escritos, en 1939 logra publicar el diarios “ Reconquista”, Scalabrini Ortíz, no era radical, por lo tanto no concurría a las reuniones del comité.Alvear fue el candidato radical, pero en las elecciones más fraudulentas de la Argentina Justo se quedó con el poder. En esos momentos Argentina parecía un país gobernado por argentinos, pero en realidad, eran los anglosajones organizados en trusts que acaparaban las riquezas y hundían a loscriollos en el salariado, en la miseria y hasta la mugre física y moral.Los Dreyfus, Bunge y Borg, Vestey, Armour, Swift, eran los acaparadores de nuestra producción y a ellos pertenecían todas las compañías. El fraude y la corrupción, eran temas comunes yelementos para hacer sucumbir al pueblo bajo el yugo explotador de leyes laborales nunca enunciadas.Contra esto se levanta FORJA, y más adelante como veremos, un ala de ejército argentino, que se conocería como G.O.U., y es organizada por quién sería el precursor de la Argentina Justa, Libre y Soberana: el General Perón. F.O.R.J.A. y Perón, coincidirían en una fechaque marcara en el tiempo la diferencia de las dos argentinas en los pensamientos políticos, el 17 de Octubre de 1945.
LA LUCHA DE FORJA
LA LUCHA DE FORJA
En Historia Argentina de José María Rosa, nombracomo “ muchachos” que adhirieron a esta lucha a Atilio García Mellid, José Luis Alvarado, Amable Gutiérrez Diez, Gabriel del Mazo y Luis Dellepiane, un sótano de la calle Corrientes y Callao fue el lugar donde cobijaron sus ideas, dice Mellid “... las clases directoras del radicalismo siguen imbuidas de los conceptos y métodos que son típicamente de la generación del 80´, aquella generación dada a los halagos materiales y a las voluptuosidades del poder, generación sensualista, descreída y europizante, que se resuelve por la concepción materialista de la historia...”.Luis Dellepiane es designado Presidente y Arturo Jauretche en la vicepresidencia, el manifiesto finalizaba con: Por el radicalismo a la soberanía popularPor la soberanía popular a la soberanía nacionalPor la soberanía nacional a la emancipación del pueblo argentino.Para esa época, estos tres fundamentos debían ser muy fuertes y muy posiblemente difícilatreverse apoyarlos, por ello los actos de FORJA, tenían un éxito relativo, mientras los “ viejos nacionalistas”, seguían engañando pueblo en “comités”.Es dable detenerse un momento en las tres banderas enarboladas por estos hombres, pasaba del pensamiento de un simple partido político y finalizaba con la liberación de un pueblo, lo sacaba de las garras de la dependencia extranjera y lo ponía de frente a su propia realización política, es por eso que en cinco años defenderían junto a Perón la realización de los argentinos para conformar una Nación realizada.Scalabrini Ortíz, ya venía desarrollando la vocación literaria, y desde ese elemento escribe con referencia al imperio británico ”...hemos asistido a un verdadero cataclismo de la nacionalidad, ha ocurrido ante nuestros ojos un hecho histórico más importante que cualquiera de las invasiones inglesas. Hemos presenciado la transformación de nuestra patria, que tenía una economía maltrecha llena de infiltraciones extranjeras, pero que conservaba a pesar de todo un tono y una independencia, en una factoría absolutamente doblegada a la voluntad de Gran Bretaña”.Justo manejaba todo, ya Uriburu era historia, atrás habían quedado los últimos estertores de la revolución que devolvería el nacionalismo a la patria, sus enviados en Londres arreglan todo, son el hijo del Conquistador de Desierto, Dr. Julio Argentino Roca, un señor asesor llamado Raúl Prebisch, nefasto economista para los argentinos y un cerebro también “argentino”, presidente de los ferrocarriles ingleses con grado de ministro plenipotenciario, don Guillermo Leguizamón, fueron recibidos con honores especiales, tan especiales, que no tuvieron tiempo de darse cuenta que justo en ese momento el gobierno inglés lanzo a circulación una estampilla conmemorando el centenario de la usurpación de las Islas Malvinas, pero ellos no fueron a discutir precisamente ese tema, como habrá sido lo concertado que Leguizamón fue nombrado “ Sir ”, lógicamente los ingleses terminaron aplaudiendo a los argentinos, contra este tipo de maniobras comenzó FORJA su lucha para reivindicar al pueblo argentino. Difícil tarea, el tratado Roca - Runciman sería un duro hueso de roer, desde el sehabía contraído una deuda de m$n 325.200.000.FORJA, seguía juntandobronca y Pueblo, sobre todo aquellos que no se callaban, Juan Molas Teran, Conrado Míguez, Oscar Correa, Orlando Paoletta, los tres hermanos Estrada, los dos Banfi, de a poco la lista se va engrosando, hay un solo hombre que no acepta la invitación a la batalla, se llama Jorge Luis Borges, es el ilustrado escritor argentino que desconoció a Gardel, al fútbol y todo lo que tenga esencia al pueblo, es el escritor que no quisoluchar por su pueblo. Las líneas se van tendiendo y el esfuerzo emancipador va sembrando sus frutos, Primero la Patria, y desde FORJA se denuncia el manejo de los centros educacionales como factor de los centros imperiales, lo denominarán colonización cultural, 120 años después de 1810, se sigue hablando de la lucha contra una argentina colonial, en este caso Inglaterra.El pacto Roca-Runciman, termina con el asesinato del Senador Enzo Bordabehere, por la denuncia de Lisandro de la Torre sobre las componendas comprometidas de ese pacto, el presidente Justo, ni se inmutó, la corrupción total del estado debería ser combatida durante 10 años.Se inventa la fórmula presidencial que seguiría la línea de Justo, Ortíz-Castillo, FORJA lucha por la abstención. Otra vez el fraude, dice scenna en su libro”...jamás se sabrán las cifras reales de la voluntad del pueblo”. Así termina la presidencia de Justo, con la idea de que en 1944 tenía la posibilidad de volver.FORJA, seguía estando al lado del pueblo, Recuperar, Emancipar, Encauzar, Retomar, Despertar, Exaltar, Infundir, eran las palabras vertidas en cuanto escrito apareciera, ya no eran los 20 o 30 “ muchachos” de antes, eran muchos más, la idea recorría todas las mentes, faltaba alguien al cual ,el pueblo le podía brindar su corazón, ese alguien apareció en el horizonte y FORJA le brindó toda la intelectualidad de sus principios, y el espíritu de sus seguidores que no eran pocos, fue el 17 de Octubre de 1945,”... era el subsuelo de la Patria sublevada”, no fue la palabra de un entendedor, fue el pensamiento de toda una generación expectante para encaminarse hacia el futuro mejor, pero esto es parte de otra historia.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Norberto Galasso, Testimonios del precursor de FORJA: Manuel Ortíz PereiraL. Luchilo, S.O. Romano, G.L. Paz, Santillana Secundaria, Historia ArgentinaHebe Clementi; El Radicalismo, Trayectoria PolíticaPolítica Británica en el Río de la Plata( ed. Reconquista)M.A. Scenna; FORJA, Irigoyen a PerónJosé María Rosa, Historia Argentina, Tomo 12
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